
A ver, nos quedamos en que yo odiaba Francia, por eso que tienen de invadir territorios ajenos porque sí. Y para cerciorarme de que mi odio era bueno, porque hay demasiado odio en el mundo como para andar desarrollando sentimientos infundados, me fui a ver a mi hermana, la primera emomística tipificada como tal como ya sabemos. Ella esta pasando su orgasmus en Toulouse, corazón de sur de Francia, ciudad del río Garona, mu grande mu grande el río oye, y tiene la capitalidad compartida con Marsella del "perroflautismo". También es la ciudad de las bicicletas, una de las primeras de Europa en construir kilómetros y kilómetro de carril bici a pesar de que la creencia general sea la de que ese tipo de cosas se hacían sólo en paises civilizados tales como los Bajos, o Alemania, o algo así. Como resultado de esta inciativa municipal tenemos una mafia surgida espontáneamente alrededor del objeto bici muy interesante, si tienes una bici, todo el dinero que te ahorras en transporte público te lo gastas en psiquiatra porque acabas paranoide perdido por si te roban hasta el taponcillo de la rueda. He de confesar que en lo que a mi respecta me acabó molando la experiencia bici, y sin muchas agujetas lo cual me confirma que el trabajo de mesonera arty te hace estar ligeramente más en forma que el de oficinista.
Estuve en el día de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de este país. A colación de todo el tema político, los compañeros me comentaban pesarosos que querían que ganara Sarkozy porque llevaban unos cuantos meses en la universidad francesa ya y aún no habían disfrutado de las ventajas de una huelga a la francesa. Parece que la única forma es que gane este señor porque por lo que parece, los señores inmigrantes ayudados por los blancos perroflautas harían arder el campus entero de Mirail, que viene a ser un campo de concentración con sus letrinas y demás complementos en mitad de un barrio chungo, pero que muy chungo.
Vamos, que lo pasé bien por ahí, aunque integrarme lo que se dice integrarme no lo hice mucho. Ya no odio tanto el país en si mismo, solamente algunos aspectillos y tal, su forma de organizarse, su política, su filosofía y pensamiento, vamos, poca cosa.

